16 LAS NINFAS DE LA BIBLIOTECA

© Manuel Peñafiel, Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.

12/13/202510 min read

Dentro del diminuto apartamento rentado en París necesitaba aire fresco, así que decidí ponerme la chaqueta para salir a caminar. El sendero de grava en el Jardín Luxemburgo era sonoro con las piedras bajo las suelas de mis zapatos. El viento comenzó a silbar de una manera extraña. La temperatura bajó considerablemente. Sentí frío. Subí la cremallera de la chamarra y rechinó. Al meter las manos a los bolsillos encontré en uno de ellos un viejo papel arrugado con algo escrito. No entendí lo que decía, estaba escrito en idioma desconocido.

Al día siguiente fui a la biblioteca donde trabajaba un anciano que parecía saberlo todo. Me miró con dureza al interrumpirlo de su concentrada labor en el archivo.

¿Qué quieres muchacho?, me preguntó impaciente.

Perdone que lo moleste. Pero podría, verá usted, es que yo; mi defectuoso francés se atoraba en mi campanilla. Me recriminé no haber ido a la escuela para aprenderlo.

¡Vamos!, refunfuñó, dime qué te trae a verme.

Bueno, deseo que me haga el favor de traducirme algo.

¡Ah!, los textos para traducir los debes dejar con la recepcionista, ella te avisará cuanto costará el trabajo y cuando estará terminado

No, no es eso. Solo se trata de unas líneas. Tímidamente le mostré el papel ajado.

El viejo arrugó la frente y se corrió los anteojos hacia arriba de su ganchuda nariz.

Veamos de qué se trata muchacho, quizás me permitas continuar trabajando.

El bibliotecario al ver los signos me miró enérgico.

¿De dónde sacaste esto?

Lo encontré, estaba en esta chaqueta usada que compré en el mercado de pulgas.

¡Dime la verdad!, insistió, ¿cómo obtuviste esto?

De veras que no estoy mintiendo. La chamarra fue una magnífica compra. No revisé los bolsillos hasta hoy que encontré el papel. Sentí curiosidad por lo que dice. En realidad no deseo molestarlo.

1 Ninfa con corona de flores ©Manuel Peñafiel

2 ©Manuel Peñafiel

Me sentí incómodo por tener que dar tantas explicaciones a un descortés desconocido, así que alargué la mano para recuperar el pedazo de papel. El anciano dio un paso atrás. Se metió el papelillo en la bolsa de su camisa. Abotonó su raído chaleco, ajustó la corbata de moño, tomó su saco y salió de la biblioteca, no sin antes decirme que regresara por la noche después de las nueve.

Así lo hice. Hacia ya varias horas que la gente había abandonado la biblioteca. Toqué la puerta. Nadie contestó.

Viejo loco, pensé.

Me disponía a irme cuando aquel gran portón tras de mí se abrió. El octogenario con voz queda me invitó a pasar. Sin decir más, caminó por los oscuros pasillos donde se encontraban alineados los estantes con libros. Lo seguí hasta que llegamos al fondo del edificio. El viejo se agachó y me pidió que lo ayudara a alzar una tapa que conducía al sótano. Bajamos alumbrados por la lámpara que él encendió.

Estando ahí escuché susurros, parecían voces pero no lo podía asegurar. Ahora se abrió una pequeña puerta. Sorprendido entré a una gran estancia iluminada por brillantes candiles que pendían de la bóveda hermosamente decorada con pinturas al fresco. Nunca me había pasado por la mente que bajo de la biblioteca pudiera existir un lugar tan suntuoso. El piso era de mármol blanco, sonoro y reluciente. El aroma era fresco.

3 ©Manuel Peñafiel

Me detuve echando la cabeza hacia atrás para admirar las figuras pintadas en aquella cúpula. Bellas mujeres desnudas de facciones europeas, asiáticas y africanas se encontraban disfrutando envueltas con las aguas doradas de un río. Otras descansaban tiradas sobre la hierba, sus voluptuosos cuerpos tendidos brillaban secándose al sol. Algunos colibríes volaban suspendidos a la altura de sus pubis chupando el néctar de su carnosa intimidad. Un grupo de mujeres se acariciaban las florecientes ranuras de sus cuerpos con aquellas plumas desprendidas a las frenéticas avecillas tornasol.

Casi todas ellas poseían rodillas y senos madurando en acalorado deseo. Sus bocas jugosas eran pocitos guindas anhelando el glande de un apasionado compañero, sin embargo, en todo aquello había algo desconcertante, de sus ojos parecía salir luz coralina en forma de intrigantes saetas; fascinado, le pregunté al anciano que significaba tenía aquello, pero inesperadamente me percaté de yo me encontraba solo. Aquel intrigante vejete había desaparecido de súbito. Me intranquilicé con el envolvente silencio, ya no se escuchaban los sonidos que había percibido al llegar. Me sentí cansado, miré alrededor pero no había algún mueble o silla donde descansar.

Sentado en el suelo la frialdad me incomodó. Cada vez más fatigado me recosté las frías lozas me atravesaron hasta mi espalda, a pesar de esto quedé dormido.

Ignoro cuántas horas transcurrieron. Cuando desperté el sitio continuaba desierto. Busqué la puerta por donde tiempo atrás había entrado con el viejo. Me llené de nerviosismo al no encontrar alguna.

Grité: ¿ Hay alguien ahí afuera ? ¡ Por favor abran la puerta !

Nadie contestó. Caminé por oscuro pasillo hacia luz el final.

Era difícil creer que debajo de la biblioteca existiese dicha construcción subterránea, laberinto desconocido para la gente que a diario venía a leer en dicho sitio público. Al concluir aquel lóbrego pasillo encontré una confortable habitación ricamente amueblada con un diván de terciopelo verde al centro.

Recuéstate, oí que alguien decía. Era la voz de una mujer.

¿ Quién está aquí ? pregunté asustado.

Recuéstate, me volvió a ordenar.

4 París, 1986 ©Manuel Peñafiel

Me senté en aquel mullido sofá. Miré a todos lados pero no percibía de donde había provenido la voz. Pensé que lo mejor era obedecer. Estando acostado me agradó disfrutar su comodidad.

La habitación quedó en suave penumbra. Un sopor comenzó a llenarme la cabeza. Estiré el cuerpo, la sensación era agradable. Estaba dormitando cuando sentí que me descalzaban. Quise retirar el pie, pero me fue imposible, mi cuerpo se encontraba deliciosamente relajado.

Sentí como me desabotonaban la camisa. Luego salieron los pantalones y la ropa interior. Me encontraba desnudo sobre el terciopelo. Sentía su textura en medio de la ranura que forman los glúteos. Aquella pesada somnolencia me embriagaba.

Con dificultad pude abrir los ojos cuando sentí que alguien me sujetaba la mandíbula para abrirme los labios. Distinguí el pequeño trozo de papel que anteriormente le había dado al encargado de la biblioteca. Las suaves manos femeninas lo introdujeron en mi boca.

5 París, 1986 ©Manuel Peñafiel

¿ Para qué hacía esto ?, pensé sin poder articular palabra.

Aquellos tersos dedos con delicadeza sujetaron mi lengua y depositaron el trozo de papel justo debajo de ella. Al principio el papel seco se pegó a la carne. Mi salivación fue humedeciéndolo su sabor inundó la cavidad oral.

Las mismas manos femeninas que anteriormente me habían desvestido tomaron mi pene para chuparlo pausadamente, después de un exquisito rato se encargaron de cubrir mi cuerpo con ungüento que olía a menta y eucalipto. Los ágiles dedos me acariciaban las sienes. Sentía el papel desbaratándose dentro de mi boca. Bajando al pecho las dos manos apretaron mis tetillas masajeándolas suavemente. Mi lengua jugaba con los trozos de papel. Más tarde, las manos hicieron círculos alrededor del vientre. Acariciaron mis genitales. Yo sentía como las palabras escritas en el papel se filtraban a través de los poros del paladar subiendo hasta mi mente.

Al pensamiento llegaron frases en idioma que arrastraba cientos de helados cascabeles. Comprendí que al través de las papilas gustativas yo era capaz de leer aquel manuscrito explicando cómo nace la luz que viaja por el universo en tropel de gigantescos volúmenes. Aquella escritura en el papel también me explicaba la existencia sumergida en la incógnita misma de lo inexplicable.

Mi cerebro viajaba por el ancho cosmos saturado de planetas y asteroides. Los siglos se desplazaban ante mí, así como la historia de la vida. Una cadena de hielo se fue forjando ahorcando a la luz misma que se diseminó en informes restos de agonía.

De pronto, me percaté que con el masaje había ganado una erección. Las suaves manos sujetaban mi miembro vertical provocando que una derrama de sensaciones arquearan a mi excitado cuerpo. Jadeaba. El gozo era casi demoledor. Apreté los puños esperando la eyaculación tragué saliva, y al hacerlo, sentí que deglutía los trozos del papel raspando mi garganta.

5A París, 1986 ©Manuel Peñafiel

6 ©Manuel Peñafiel

Cuando estaba abandonado al placer ataron mis manos, con asombro sentí que introducían por el orificio de mi miembro algo como una sonda que subió por mis intestinos, y cual madeja se abultó en mi estómago. La empezaron a mover dentro de mis vísceras. Por instantes pensé que iría a defecar, no sucedió así, en cambio sentí que succionaban de mí. Abrí mis ojos con dificultad. Alcé la cabeza, todo estaba oscuro. Sin embargo, distinguí que de entre mis piernas abiertas emergía un fino hilo de vapor plateado semejante a un filamento. Estaban drenando mi energía vital. Fui perdiendo fuerza. Los párpados cayeron secamente como si de arena estuviesen conformados sobre mis globos oculares. Mi boca ahora estaba seca. La lengua parecía de trapo. Insoportable era la sed. Sentí que mi cuerpo se desmembraba, la sensación era igual a vulnerable lienzo yo flotaba en el aire. Caí sobre las ásperas rocas de la incertidumbre. Mi existencia era incorpórea. Solo existían mis pensamientos. Mi mente era toda mi posesión. El cuerpo había desaparecido. Los pensamientos se hirieron contra agudas navajas de hielo entumiéndose en glaciar de preguntas. La incertidumbre parecía no tener fin. Cuando casi moría la consciencia, una leve sensación la movió era un vientecillo animando a las ideas. Mi yo cruzó por largos túneles, llegó a brillante desembocadura en océano de granate fundido. Sentí que me integraba a gigantesca ola en aquella bóveda espacial sin límites.

7 ©Manuel Peñafiel

La idea viajó ininterrumpida. Vi todas las preguntas que se hace el ser humano flotando ingrávidas. Distinguí las respuestas esperando ser ligadas a su incógnita correspondiente. Mi cerebro lo percibía todo al mismo tiempo, el embrión y el anciano, la semilla y la primicia, el delirio y la cordura, la gota y la sequía, la mano y el abrazo, el deseo y el martirio, el placer y el vapor, la fuerza y los destellos, el relámpago y la cascada, el latido y la vulva, la voz y el silencio, la existencia y las vidas flotando en listones, algunos largos, sedosos o ajados desprendiendo hilachos, otros enredados en moribunda madeja.

Las visiones continuaron no sé por cuánto tiempo hasta que los pensamientos se posaron en la playa de un instante. Luego, poco a poco empecé a recuperar la movilidad en el cuerpo. Era como si se hubiesen integrado todos los músculos de nuevo. Permanecí largo tiempo, tal vez horas en la misma posición boca arriba. Oí acercarse pasos.

Cálido aliento corrió por los pliegues de mi oreja acompañado de un susurro: Ven conmigo, musitó la femenina voz.

Era la de una espléndida hembra vestida con una translúcida túnica de seda permitiendo percibir sus erectos pechos y su exuberante anatomía perfumada. De la mano me tomó guiándome hacia el primer salón a donde había entrado. Se detuvo en medio del recinto, frente a mí inclinó su cuerpo para sujetar el filo de su vaporosa prenda. Cuando empezó a alzarla pude admirar sus macizos muslos. Llevaba medias negras. Se recostó sobre las lozas de mármol. La seguí al piso que aún permanecía frío. Ella acabó de descubrir sus extremidades. Las abrió lentamente. Jaló de mí sobre ella. La penetré. Cambió de posición, ahora estaba encima. Con la suave túnica hasta la cintura. El mármol me quemaba por lo gélido, sin embargo, mi cuerpo transpiraba en delicioso contraste.

Ella jadeó ¡ ahora !, y su voz colmó todo aquel salón. Los dos alcanzamos nuestra mutua y simultánea satisfacción, fue entonces que dejó escapar un grito aún más fuerte que el primero golpeando al silencio con el aleteo de jubilosas aves.

Agotada por el placer cayó sobre mi pecho. Apreté sus nalgas, pues sentía que aún me vaciaba dentro de ella. Quedé dormido.

Cuando desperté estaba de nuevo oscuro. Abracé contento a la mujer. Con terror sentí que todo su cuerpo crujía igual a un ataúd de madera añeja, despedazándose entre mis brazos quedó convertida en un sin fin de trozos tiesos de pergamino antiguo.

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Las ninfas de biblioteca 図書館の精 霊たち

マヌエル・ペニャフィエル作 甲佐瑞穂訳

パリの小さな賃貸アパートで、新鮮な空気が欲しくなり、ジャケットを着て散歩に出かけた。ルクセンブルク庭園の砂利道では、靴の裏で石が鳴っていた。風が急に吹き始めて、気温がかなり下がり寒く感じた。ジャケットのジッパーを上げると、グシャっと音がした。ポケットに手を入れると、何かが書かれた古いくしゃくしゃの紙切れを見つけた。未知の言語で書かれていて、何が書いてあるのか分からなかった。

翌日、すべてを知っているように見える老紳士が働いている図書館に行った。彼はファイルの集中作業を中断されたことに、厳しい目を向けてきた。「何が欲しいんだ、若造?」と彼は不機嫌そうに聞いた。

「お邪魔してすみません。でも、お願いが実は、フランス語があまり得意じゃなくて」と私は言い訳がましく答え、学校でフランス語をもっとちゃんと学ぶべきだったと自分を責めた。

「さあ、言え!」と彼は不平を漏らし、「なぜ私に会いに来たのか教えてくれ。」

「実は、これを訳してもらえないかと思って。」と私は答えた。

「そうか、翻訳するための文書は受付に預けろ。彼女が料金と完成時期を教えてくれる。」と言った。

「いや、そうじゃなくて、ほんの数行なんです。」と、私はおずおずとボロボロの紙を見せた。老人は額にしわを寄せ、メガネを鼻の上に上げて鋭く私を見た。

「どこでこれを見つけたんだ?」と彼は聞いた。

「市場で買った古着のジャケットのポケットに入っていました。」と答えると、彼は疑わしそうな目をした

「本当のことを言え。どうやってこれを手に入れた?」

「本当です。ジャケットはいい買い物でしたが、この紙切れを今日見つけるまで、ポケットの中は確認しませんでした。何が書いてあるのか知りたかっただけなんです。」と答えたが、老人はその紙をじっと見たままだった。

失礼な見知らぬ人にこれほど説明しなければならないことに不快感を覚え、私は紙を取り返そうとしたが、老人は後ずさりしてそれをシャツのポケットにしまった。そして彼はボロボロのベストのボタンを留め、蝶ネクタイを整え、ジャケットを取って図書館を出て行ったが、その前に「夜9時以降に戻ってこい」と言い残した。

9 Estimulación, 1999 ©Manuel Peñafiel

私はその通りにした。夜、誰も図書館にはいなかった。扉をノックしたが、応答はなかった。「くそったれ老人め」と思いながら立ち去ろうとしたとき、大きな扉がゆっくりと開いた。老人は低い声で私を中に招き入れ、黙って暗い廊下を進んだ。私たちは並んだ本棚の間を通り過ぎ、建物の奥深くへと向かった。老人は地下室へ続くふたを持ち上げるのを手伝ってほしいと頼み、私は手伝った。ランプの光を頼りに降りていくと、そこでささやき声が聞こえた。

確かに声がしたようだったが、それが本当かどうかは分からなかった。突然、小さな扉が開き、私は中に入った。そこには豪華なシャンデリアが吊るされた広い部屋があり、天井にはフレスコ画が美しく描かれていた。図書館の下に、こんなにも壮麗な場所があるとは思いもよらなかった。床は白い大理石でピカピカしており、新鮮な香りが漂っていた。

私は立ち止まり、頭を後ろに傾けて、天井に描かれた絵を見上げた。そこには、ヨーロッパ、アジア、アフリカの特徴を持つ美しい裸の女性たちが、金色の川の水に包まれて楽しんでいる姿が描かれていた。

ほかの女性たちは草の上に横たわり、彼女たちの肉感的な体が日光に照らされて輝いていた。何匹かのハチドリが、彼女たちの恥部の高さで舞い、肉厚な親密さの蜜を吸っていた。他の女性たちは、興奮した色とりどりの小鳥たちの羽で、自分たちの体の花咲く隙間を愛撫していた。

そのほとんどが思春期の少女たちで、膝と胸は熱い欲望で熟していた。

彼女らの豊かな唇は、情熱的な相手の亀頭を切望する小さな桜色の花のようだった。

しかし、その光景全体には何か不気味なものがあった。彼女たちの目からは、まるで珊瑚色の光が謎めいた矢のように射し出されているように見えた。私はその異様な光景に魅了され、意味を老人に尋ねようとしたが、ふと気づくと、私は一人きりだった。あの奇妙な老人は突然姿を消していたのだ。包み込むような静けさに不安を感じ、到着したときに聞こえていた音はすべて消え去っていた。疲れを感じ、周囲を見回したが、休めるような家具や椅子はどこにも見当たらなかった。

床に座ると、その冷たさが私を不快にさせた。次第に疲労が募り、横になったが、冷たい石畳が背中にまで冷気を伝えてきた。それでも、私は眠りに落ちてしまった。

10 ©Manuel Peñafiel

どれだけの時間が過ぎたのか分からなかった。目を覚ますと、場所はまだ無人のままだった。先ほど老人と一緒に入ってきたはずの扉を探したが、見当たらなかった。その瞬間、強い不安に襲われ、神経が高ぶってきた。扉が見つからないことに焦りを感じた。

「誰か外にいますか?お願いだからドアを開けて!」

叫んだが誰も答えなかった。私は暗い廊下を進み、遠くに見える光に向かって歩いた。

図書館の地下にこんな建造物が存在するとは、到底信じられなかった。毎日、人々が読書に訪れる公共の場所に、こんな誰も知らない迷路のような地下構造があるなんて。暗い廊下を抜けると、豪華な調度品が備えられた快適な部屋にたどり着いた。中央には緑色のベルベット製の寝椅子が置かれていた。

「横になって」と、誰かが言う声が聞こえた。それは女性の声だった。

「誰かここにいるのか?」私は怯えて尋ねた。

「横になりなさい」と、再び命令された。

私はそのふかふかのソファに腰を下ろした。周囲を見回したが、声の出所を見つけることはできなかった。従った方が良いだろうと考え、言われた通り横になった。寝椅子の心地よさを味わいながら、身を伸ばした。

部屋は薄暗いままで、穏やかな静けさに包まれていた。次第に眠気が頭を満たしていき、体を伸ばすと心地よい感覚が広がった。うとうとしていると、誰かが自分の靴を脱がせているのを感じた。足を引っ込めようとしたが、体はすっかり緩んでいて動かせなかった。全身が心地よく、抵抗する気持ちも薄れていった。

誰かが自分のシャツのボタンを外しているのを感じた。次に、ズボンと下着も脱がされ、気づけばベルベットの上に裸で横たわっていた。驚きと恐怖が心の奥底から湧き上がったが、眠気と快感がそれを押し込めようとした。自分の意識はふわふわとした状態で、現実と夢の狭間に迷い込んでいくようだった。

誰かが私の顎をつかんで唇を開こうとしたとき、私はやっと目を開けることができた。以前、図書館の老管理人に渡した小さな紙片が見えた。柔らかな女性の手がそれを私の口に入れた。

「彼女は何のためにこんなことをしているのだろう」と思ったが、言葉を発することができなかった。

11 Entre encajes, 1996 ©Manuel Peñafiel

その滑らかな指が優しく私の舌をそっとつかみ、紙片を舌のすぐ下に置いた。最初は乾いた紙が肉にくっついていた。私の唾液がそれを湿らせ、その味が口腔内に広がった。

以前私の服を脱がせた同じ女性の手が、私の陰茎をゆっくりと吸い始めた。しばらくの間、その後、彼女は私の体にミントとユーカリの香りのする軟膏を塗り始めた。敏捷な指が私のこめかみを優しく撫でた。口の中で紙が崩れていくのを感じた。二つの手が胸に降り、私の乳首を優しくマッサージしながらつまんだ。私の舌は紙の破片で遊んでいた。その後、手は腹部の周りで円を描いた。私の陰茎を愛撫した。私は、紙に書かれた言葉が口の中の毛穴から心の中に染み込んでくるのを感じた。

思考の中に、氷のような鈴の音を引きずる言語のフレーズが浮かんできた。私は、私は味覚を通して、、その原稿を読み取ることができることを理解した。それは、宇宙を巨大的な体積で駆け巡る光の誕生を説明していた。紙に書かれたその文字は、説明しきれない謎そのものに沈んだ存在についても私に説明していた。

私の脳は、惑星や小惑星で満たされた広大な宇宙を旅していた。生命の歴史と同じように、私の目の前で数世紀が移り変わった。一連の氷が形成され、光そのものを絞めつけて、それは形のない苦悩の残骸となって散らばっていった。

突然、マッサージによって勃起していることに気づいた。柔らかな手が私の直立した陰茎を握りしめ、興奮した体に感覚の洪水を引き起こした。 私は息をのんだ。 喜びが粉々になりそうだった。 射精を予感して拳を握りしめ、唾液を飲み込み、そうしているうちに、紙片が喉を通っていくのを感じた。

快楽に身を委ねているとき、私の手は拘束された。驚きと共に、何かが私の陰茎の穴から挿入され、腸を上っていくのを感じた。それが胃の中で綛のように膨らんでいるのを感じた。彼らはそれを私の内臓の中で動かし始めた。しばらくの間、私は排便するのだと思ったが、そうはならず、代わりに何かが私から吸い取られているのを感じた。私は難なく目を開けた。頭を上げると、すべてが暗かった。しかし、開いた足の間から銀色の細い蒸気の糸のようなものが現れているのを見た。私の生命エネルギーが排出されていた。私は力を失っていった。まぶたは乾いて落ち、まるで砂でできているかのように眼球の上に降りてきた。口は今や乾いていて、舌は布のように感じられた。耐え難い喉の渇きを感じた。私は体が解体されるのを感じ、まるで傷つきやすいキャンバスのようで、空中に浮いているようだった。不確実性のざらざらした岩に落ちた。私の存在は実体のないものだった。私の思考だけが存在していた。私の心は私の所有物の全てだった。肉体は消え去った。思考は鋭い氷の刃にぶつかり、質問の氷河の中で麻痺していった。不安は終わりがないように思えた。 意識が途絶えかけたとき、わずかな感覚が湧き起こり、それはアイデアを活性化させる微風だった。私の自己は長いトンネルを通り抜け、溶融したガーネットの海に輝く出口にたどり着いた。私はその無限の宇宙の中で巨大な波に統合されるのを感じた。

そのアイデアは途切れることなく旅を続けた。私は人間が抱くすべての質問が無重力で漂っているのを見た。それに対応する謎に結びつくのを待っている答えも識別できた。私の脳はすべてを同時に感じ取っていた。胚と老人、種と初物、妄想と理性、雫と干ばつ、手と抱擁、欲望と苦悶、快楽と蒸気、力と閃光、雷と滝、鼓動と膣、声と静寂、存在と生命はリボンのように浮遊し、あるものは絹のように長く、またあるものはほつれて糸が切れ、またあるものは瀕死の綛に絡まっている。

そのビジョンは、どれくらいの時間続いたのかわからないが、思考が一瞬の浜辺に留まるまで続いた。すると、徐々に体の動きが回復していった。まるですべての筋肉が再び統合されたかのようだった。私は長い間、あるいは数時間、仰向けのまま同じ姿勢でいた。足音が近づくのを聞いた。

暖かい息が私の耳のひだを走り抜け、ささやきが続いた。「私と一緒に来て」と、女性の声が囁いた。

それは、半透明のシルクのローブをまとった女性で、彼女の突起した胸と豊かな体が香りを放っているのがわかった。彼女は私の手を取り、最初に入った部屋に案内した。彼女はその真ん中で立ち止まり、私の方を向いて体を傾けて、ふわりとした衣服の端をつかんだ。彼女がそれを持ち上げ始めると、彼女の引き締まった太ももを見つめることができた。

彼女は黒いストッキングを履いていた。彼女は大理石の板の上に横たわった。 私はまだ冷たい床まで彼女を追いかけた。 彼女は四肢を完全にさらけ出し、ゆっくりと開いた。彼女は私を引き寄せ、自分の上に乗せた。柔らかなチュニックを腰まで上げて。大理石は冷たくて私の肌を焼くようだったが、それでも私の体は心地よい対比で汗をかいていた。

彼女は息を荒くして「今よ!」彼女の喘ぎ声が部屋中に響き渡った。私たちは同時に満足の域に達し、彼女は最初の声よりもさらに大きな叫びを上げ、その音は静寂を破り、喜びに満ちた鳥たちの羽ばたきのように響いた。

快感に疲れ果てて、彼女は私の胸に倒れ込んだ。私は彼女の臀部を強く抱きしめた。まだ彼女の中で自分が空になるのを感じていた。私は眠りに落ちた。

目が覚めると再び暗かった。私は嬉しそうにその女性を抱きしめた。しかし、恐怖に襲われた。彼女の体が古い木製の棺のように軋むのを感じ、私の腕の中で、彼女は古い羊皮紙の無数の硬い破片へと変わっていった。

De izquierda a derecha:

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13 ©Manuel Peñafiel

14 ©Manuel Peñafiel

©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.

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