14 VIAJE EN HONGO

© Manuel Peñafiel, Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.

12/13/202516 min read

Este relato pretende describir lo sucedido cuando la filosofía, lo imposible y el terror a lo desconocido invadieron a mi mente, y seguro estoy de que dejaron huellas indelebles en mi psique; así como puertas cuyos umbrales nunca podrán ser esclarecidos completamente.

En el primer día dejamos los vehículos al cuidado de los dueños de un humilde pesebre. Cargando nuestras mochilas, emprendimos la caminata que nos conduciría al borde de un río donde acamparíamos. Al atravesar los pastizales mis compañeros de excursión me mostraron las dos clases de hongos que crecen por ahí; uno pequeño al que le llaman Pajarito, del cual para sentir sus efectos es necesario ingerir demasiados, con el inconveniente de que esto causa molestias estomacales; el otro tipo de hongo es el San Isidro de mayores dimensiones, por lo tanto, más potente. La tarde se obscureció con amenazante lluvia, lo cual nos apresuró a montar las tiendas de campaña, alrededor de ellas cavamos una zanja para evitar el ingreso de reptiles venenosos. Mientras lo hacíamos, apareció un lugareño ofreciendo a la venta varias setas de hongos San Isidro. Ya casi era de noche, por lo tanto, no podríamos ir a recolectarlas hasta la mañana siguiente, así que decidimos comprárselas. La lluvia nos forzó a entrar a la tienda de campaña, donde se hizo una repartición equitativa. Comimos cuatro hongos cada uno y luego fumamos hierba. Al cesar el aguacero salí con mi lámpara de pilas; la foresta latía en una gran esfera cuya negrura era engalanada por los luceros siderales. El bosque y el horizonte estaban unidos en una misma palpitación. Todo era un mar etéreo con olas de vegetación. Las plantas respiraban, sus hojas se expandían al ritmo de latidos verdes. Durante nuestra estancia mis compañeros siempre permanecieron juntos, desprovisto de su necesidad tribal me separé de ellos, en cambio, la Naturaleza me invitaba a estar solo con ella. Atraído por un sonido del que no podía determinar su origen, caminé para averiguar su origen. Me seducía algo blanco y móvil que emitía el murmullo del hueso diluyéndose. Era una masa agitada que provocaba la resonancia de dos muertes comerciando, la mía y la muerte de la realidad. Muy cerca a punto de caer ahí, la intuición me detuvo. Me percaté de que estaba frente al río, el cual instantes antes se hubiese dejado pisar con el propósito de tragarme dentro de su seda intestinal. Me di cuenta entonces que estos hongos son capaces de aturdir o transportar a la mente a niveles de elevada percepción sensorial. Cuando cavilaba en esto, me percaté de la obscuridad hermosamente espesa y rítmica. La frondosidad me sujetó. En ese momento la euforia hizo efervescencia dentro de mi ser. Quise correr para abrazar a los árboles, pero, mis extremidades habían echado raíces. El bosque era yo. Mis pies mojados y fríos llegaron a las profundas tinieblas, sin embargo, mi mirada permanecía sujeta al follaje elevándose hacia el infinito. En esos instantes recordé al Tiempo que he desperdiciado durante mi vida, y le pedí perdón por mi perezosa insolencia; un flagelante tic - tac me aguijoneó, agucé el oído y entonces escuché los instantes en la abultada historia humana repleta de significativos episodios, vislumbré conflictivas madrugadas, gobiernos corruptos, belicosos, rencorosos pueblos, orgías homicidas, plumaje de granizo, política de albañal con mentiras demagógicas, periódicos de piedra, espectáculos sádico taurinos, gente embrutecida, huérfanos de ideas, pordioseros urbanos, agricultores cultivando frustradas milpas, minusválidos con alas, ballet de sordomudos, venas con anemia. Desfilaron ante mí los circos incendiados en mi vida. Los acróbatas ardían incapaces de sujetar el trapecio al rojo vivo, soltábanlo heridos por tréboles caníbales, al caer, de sus llagados cuerpos emergían fetos invidentes cantando en idiomas de silicio y esmeralda.

1 ©Manuel Peñafiel Expedición en busca de hongos alucinógenos.jpg

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Las partituras eran cristales rasguñados, se desmoronaron los pizarrones donde de niño tracé inseguro abecedario, desfile gris de mediocres profesoras y maestrillos escolares. Llegó avalancha de hambrientos enanos. Un péndulo dorado bajaba, su ir y venir humedecía aún más mi nerviosismo. El cenit de la agonía se sincronizó en erupción de derrotas, los templos se colapsaron, ajadas ancianas repetían tartamudos salmos, con voracidad peleaban entre sí, eran las religiones, aquellas fétidas arpías se descalzaron y en hipócrita penitencia devoraron sus zapatos, después del fanático trance, al caminar se quejaron de la aspereza del sendero, intentaron tejer vendajes con harapos irracionales, pero la frustración desanudó su itinerario. Más tarde, los niños esclavizados por los dogmas clericales, y los hombres mancos se diluyeron transformándose en laberintos. Viré mis ojos hacia atrás en la bóveda craneal,

miré que la mente es húmedo clavel, y entonces hallé alivio en mi jardín propio. El efecto del hongo disminuyó un poco. Regresé al campamento, la intrascendente charla con los que ahí se encontraban me relajó, de nuevo preferí alejarme del clan para individualmente arrojar las redes de la curiosidad con expectativas de atrapar experiencias psicotrópicas. El hongo me volvió a prender, regresé al borde del río donde antes había estado a punto de fallecer ahogado arrastrado por la fuerte corriente. La ansiedad me atrapó al pensar que gran parte de nuestra irrepetible vida, la consume la necesidad de buscar los medios materiales para sobrevivir, malgastando el portento de habitar el Cosmos en explosiva expansión mental. Sumergido en reflexiones, escuché el crujido de las ramas secas, era una serpiente rozando mis pies, largamente opaca aplastaba la hierba bajo su ondulación. Repentinamente, me dije a mí mismo: Mucho de lo que ves, está solamente en tu cerebro. Aquella amenaza reptil dejó de moverse, me aparté sigilosamente dudando aún, si aquella sierpe había sido real. Las íntimas angustias pueden convertirse en abstractas amenazas. La llovizna me rescató. Volví mi atención hacia el boscaje y ahí me vi retratado, cuando me estaba duplicando en las ramas; escuché voces hablando en el idioma de Veracruz huastécatl, volteé de inmediato, vislumbré las siluetas de dos hombres, al observarme intercambiaban comentarios. Las brasas rojas de sus cigarrillos brillaban cada vez que inhalaban de sus tabacos. Me sentí atemorizado. El campamento estaba apagado, no se escuchaba ya ningún parloteo. Quizás sin darme cuenta, me hubiese alejado demasiado. Ignoraba las intenciones de aquellos desconocidos.

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Tampoco sabía cuánto tiempo habían estado a mi espalda observándome. No me atreví a hablarles. Mi lengua era una gruesa y torpe hilacha. Mis palabras estarían afectadas por los efectos de los hongos. A lo lejos se oían los ladridos de los perros, el cuchicheo de aquel par de individuos persistió, sin embargo, su presencia dejó de preocuparme. Me recargué al tronco de un alto sabino, atónito constaté que tenía la fuerza suficiente para sacudirlo, de su enramada se desprendieron iridiscentes ópalos, de una vasija al estrellarse contra el suelo emergieron códices de mis ancestros indígenas despintándose en lamentos. Sorprendido continué agitando el árbol de donde cayeron más objetos. Miré como se destripaban piñatas de carne huérfana, siguieron bramidos en llamas. De las alturas descendió una nebulosa magenta abriendo su boca en espiral, convulsionándose en incandescentes asteroides, era mi cuna sideral, mi galaxia personal, mi feto flotaba mecido por las estrellas supernova; de pronto todo estalló mi quijada se abrió, y mi boca exhaló un rugido humano: ¡ Jamás seré comatoso abnegado ! Arriba un fracaso abrió su bragueta para orinar, me hice a un lado para no ahogarme en el ámbar líquido del espejismo familiar. Miré atrás observando a los padres de familia descarnarse mutuamente convirtiéndose en calaveras por el tedio, sus cráneos al agredirse escupían sus propios dientes, aquella esparcida dentadura tornóse fétida, opté por alejarme de aquel sitio; más tarde, distinguí laboriosas hormigas transportando su caravana de hierba triturada, admiré su sentido comunitario. El aroma del tabaco que fumaban aquellas apariciones se fue disolviendo, lo mismo que mi temor. Uno de aquellos hombres, susurró: Disculpe si lo espantamos, anduvimos en el cerro recolectando leña y nos agarró la noche. Nosotros somos gente de bien, pero tenga cuidado con los honguitos que ha comido, su cabeza puede dar maromas. Enseguida se disolvieron en su propia risa, y se fundieron dentro de los ramales igual que aleteo de lechuzas.

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Volví lentamente al campamento. Ahí estaban todos conversando como solían hacerlo, fui incapaz de hablarles, el cansancio que había provocado el miedo, me derretía los músculos. Con esfuerzo me deshice de las botas y la empapada ropa para introducirme a la tienda de campaña. Me recosté repitiendo: Todo está en la mente... ¿ todo está en la mente ?; fue entonces que una oleada de eclipses me devoró y quedé dormido.

Al segundo día por la mañana, alguien preparó café. Cuando lo estábamos saboreando, llegó otro muchacho oriundo con un hitacatl lleno de hongos, dispuesto a venderlos. Sonreí, era como si en algún hotel nos trajeran el desayuno a la habitación, los comimos acompañados del café. Persiguiendo solamente una placentera sensación, no apetecí comer demasiados. Minutos más tarde, olvidé el calor y a los molestos moscos, recostado sobre la hierba observé a un chapulín hacer toda clase de acrobacias verdes. A media mañana fuimos a buscar más hongos. Caminamos durante tres horas por los extensos potreros, hallando muy pocos. Los nativos ya habían peinado toda el área, el hongo se corta temprano. Nos topamos con otros citadinos buscando lo mismo. Uno de ellos llevaba más de tres meses viviendo en aquel lugar. Sus ojos miraban en forma extraña. Cuando atravesamos los establos se detuvo despreocupadamente para beber agua del mismo abrevadero de donde lo hacían las babeantes reses, sin importarle contraer

alguna enfermedad; en ocasiones el hongo produce tal bienestar que no se miden las riesgosas consecuencias; en realidad, yo tampoco lo hacía, yo mismo estaba masticando aquellos hongos arrancados de la tierra pisoteada por las pezuñas del ganado. En el transcurso de nuestra caminata de regreso al campamento nos acabamos los escasos hongos que habíamos hallado. El perro de una ranchería nos persiguió, en la huída hundí mis pies en el estiércol. Cuando me senté a la orilla del río para limpiar mis botas, los hongos me prendieron nuevamente. Me introduje al río con la ropa puesta. Una vez aseado, me senté sobre las rocas brillantemente frías. La felicidad se apoderó de mí. Empecé a llorar observando como las lágrimas caían hasta el fondo, podía seguir su trayectoria, mi cuerpo se había mudado a la estructura de una gota enormemente tropical, fui con el río hasta el final de los prismas que solo existen en el recóndito silencio.

Al tercer día resucité entre los escombros de una inquieta noche, dos de nosotros nos levantamos antes que los demás para ir al pueblo para abastecernos de comestibles. Deambulamos por calles donde la pobreza mexicana marchita lentamente a las personas. Al regresar al campamento, nos recibieron con un centenar de hongos que los demás habían recolectado. Preparamos el desayuno, el viaje duraría muchas horas. Ingerí cerca de catorce setas que no tardaron en convidarme el supremo corolario. Maravillado por la belleza del lugar me interné en el bosque, en esos momentos toda la frondosidad era mi hacienda. Desprecié las posesiones adquiridas con dinero. El mundo entero era de mi plena propiedad, nadie podía quitarme el privilegio de gozarlo bajo la afabilidad del sol. La concordia con la Naturaleza nos transforma en indómitos huracanes de ideas. Los tesoros vegetales son la riqueza verdadera. El aroma de la clorofila penetró, la pude saborear. Pensé en los hongos, éstos tomaron formas fálicas, miré hacia arriba, el cielo se abrió, la vulva estaba hecha de rojizos cúmulos. Observé a la pulpa palpitante recibiendo la embestida colosal del hongo erecto. Mis oídos zumbaban. El falo alcanzó su clímax y salí disparado hacia el útero de las galaxias. Fui el semen de mis propias ideas, el embarazo de mí mismo, la copulación con lo inexplicable. Entré al óvulo que se abre con incógnitas, cerrándose sin permitir respuestas definitivas. Casi ahogándome nadé, tragué espuma de dudas y premoniciones. Caí exhausto, tras haber explorado los senderos del desnudo pensamiento. Permanecí adormilado. Después de un rato, recuperé fuerzas para proseguir el safari alucinógeno. Fue entonces, que perdí la noción de la orientación. Aún en pleno día la obscuridad devoró a la luz realista, sentí la tierra temblar, era un sismo subjetivo, traté de conservarme calmo, busqué mi brújula intuitiva para reubicarme, ratificando que no he sido de aquellos que se arranca la espontaneidad para ofrecérsela a un dios autista, a ése nocivo alienígena antaño lo exilié de mi mente, renunciando al mito esclavizante de un cruel anciano sentado sobre nubes para aliviar sus hemorroides inflamadas con disparatadas supersticiones religiosas, tales como la de un gran espíritu creador del Universo y de la especie humana, divinidad despreocupada por los de piel obscura esclavizados y despreciados por los de blanca tez, inmisericorde deidad ante la agonía y el hambre infantil, mis oídos no escuchan el sonido de los cencerros con los cuales los rebaños de feligreses acuden a los templos a rumiar paja mitológica ignorando a los huérfanos por las guerras, pretendiendo rezar mientras piensan que el sueldo no alcanza, aspiré el aroma de la razón perfumada, gocé ratificar que soy dueño de mí mismo con el suficiente aplomo para aceptar que estamos solos en la profundidad del Caos, soy viajero cometa en atrevida ruta pletórica de autonomía. El hongo me arrastró con entusiasmo d

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Volví lentamente al campamento. Ahí estaban todos conversando como solían hacerlo, fui incapaz de hablarles, el cansancio que había provocado el miedo, me derretía los músculos. Con esfuerzo me deshice de las botas y la empapada ropa para introducirme a la tienda de campaña. Me recosté repitiendo: Todo está en la mente... ¿ todo está en la mente ?; fue entonces que una oleada de eclipses me devoró y quedé dormido.

Al segundo día por la mañana, alguien preparó café. Cuando lo estábamos saboreando, llegó otro muchacho oriundo con un hitacatl lleno de hongos, dispuesto a venderlos. Sonreí, era como si en algún hotel nos trajeran el desayuno a la habitación, los comimos acompañados del café. Persiguiendo solamente una placentera sensación, no apetecí comer demasiados. Minutos más tarde, olvidé el calor y a los molestos moscos, recostado sobre la hierba observé a un chapulín hacer toda clase de acrobacias verdes. A media mañana fuimos a buscar más hongos. Caminamos durante tres horas por los extensos potreros, hallando muy pocos. Los nativos ya habían peinado toda el área, el hongo se corta temprano. Nos topamos con otros citadinos buscando lo mismo. Uno de ellos llevaba más de tres meses viviendo en aquel lugar. Sus ojos miraban en forma extraña. Cuando atravesamos los establos se detuvo despreocupadamente para beber agua del mismo abrevadero de donde lo hacían las babeantes reses, sin importarle contraer

alguna enfermedad; en ocasiones el hongo produce tal bienestar que no se miden las riesgosas consecuencias; en realidad, yo tampoco lo hacía, yo mismo estaba masticando aquellos hongos arrancados de la tierra pisoteada por las pezuñas del ganado. En el transcurso de nuestra caminata de regreso al campamento nos acabamos los escasos hongos que habíamos hallado. El perro de una ranchería nos persiguió, en la huída hundí mis pies en el estiércol. Cuando me senté a la orilla del río para limpiar mis botas, los hongos me prendieron nuevamente. Me introduje al río con la ropa puesta. Una vez aseado, me senté sobre las rocas brillantemente frías. La felicidad se apoderó de mí. Empecé a llorar observando como las lágrimas caían hasta el fondo, podía seguir su trayectoria, mi cuerpo se había mudado a la estructura de una gota enormemente tropical, fui con el río hasta el final de los prismas que solo existen en el recóndito silencio.

Al tercer día resucité entre los escombros de una inquieta noche, dos de nosotros nos levantamos antes que los demás para ir al pueblo para abastecernos de comestibles. Deambulamos por calles donde la pobreza mexicana marchita lentamente a las personas. Al regresar al campamento, nos recibieron con un centenar de hongos que los demás habían recolectado. Preparamos el desayuno, el viaje duraría muchas horas. Ingerí cerca de catorce setas que no tardaron en convidarme el supremo corolario. Maravillado por la belleza del lugar me interné en el bosque, en esos momentos toda la frondosidad era mi hacienda. Desprecié las posesiones adquiridas con dinero. El mundo entero era de mi plena propiedad, nadie podía quitarme el privilegio de gozarlo bajo la afabilidad del sol. La concordia con la Naturaleza nos transforma en indómitos huracanes de ideas. Los tesoros vegetales son la riqueza verdadera. El aroma de la clorofila penetró, la pude saborear. Pensé en los hongos, éstos tomaron formas fálicas, miré hacia arriba, el cielo se abrió, la vulva estaba hecha de rojizos cúmulos. Observé a la pulpa palpitante recibiendo la embestida colosal del hongo erecto. Mis oídos zumbaban. El falo alcanzó su clímax y salí disparado hacia el útero de las galaxias. Fui el semen de mis propias ideas, el embarazo de mí mismo, la copulación con lo inexplicable. Entré al óvulo que se abre con incógnitas, cerrándose sin permitir respuestas definitivas. Casi ahogándome nadé, tragué espuma de dudas y premoniciones. Caí exhausto, tras haber explorado los senderos del desnudo pensamiento. Permanecí adormilado. Después de un rato, recuperé fuerzas para proseguir el safari alucinógeno. Fue entonces, que perdí la noción de la orientación. Aún en pleno día la obscuridad devoró a la luz realista, sentí la tierra temblar, era un sismo subjetivo, traté de conservarme calmo, busqué mi brújula intuitiva para reubicarme, ratificando que no he sido de aquellos que se arranca la espontaneidad para ofrecérsela a un dios autista, a ése nocivo alienígena antaño lo exilié de mi mente, renunciando al mito esclavizante de un cruel anciano sentado sobre nubes para aliviar sus hemorroides inflamadas con disparatadas supersticiones religiosas, tales como la de un gran espíritu creador del Universo y de la especie humana, divinidad despreocupada por los de piel obscura esclavizados y despreciados por los de blanca tez, inmisericorde deidad ante la agonía y el hambre infantil, mis oídos no escuchan el sonido de los cencerros con los cuales los rebaños de feligreses acuden a los templos a rumiar paja mitológica ignorando a los huérfanos por las guerras, pretendiendo rezar mientras piensan que el sueldo no alcanza, aspiré el aroma de la razón perfumada, gocé ratificar que soy dueño de mí mismo con el suficiente aplomo para aceptar que estamos solos en la profundidad del Caos, soy viajero cometa en atrevida ruta pletórica de autonomía.

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El hongo me arrastró con entusiasmo de exuberante guía. Comenzó el remolino de sucesos estrafalarios y desconcertantes. Aparecieron luces por doquier, círculos giratorios de festiva pirotecnia, emergieron arcos iris que parecían pestañear. Mi ángulo visual se ensanchó asombrosamente, casi podía ver detrás de mis hombros. Siluetas negras ondulaban con descarada ilógica. El viento era estruendo de calendarios. El trinar de las aves me ensordecía junto con los gemidos de la infancia. La avalancha ininterrumpida arrastraba espectros decapitados. Sentí que las venas en mi organismo se desparramaban en redoble de campanas. El arrebol del celaje cayó para inundarme. No podía distinguir donde pisaba. Después no pude moverme, estaba hecho de montaña. Todo pasaba ante mí a gran velocidad. Destellaban fulgores de metal. Los árboles parecían desvanecerse. Sentí pavor. Por momentos la obscuridad lo sepultaba todo. La bóveda celeste era ancha desgarradura púrpura, y a veces no había cielo. Me encontraba en una cápsula oscilante que no cesaba de apretarme mortificando con dolor a mi esqueleto. Agudas voces me rasgaban la piel, de mis carnes emergían borbotones de murmullos. El sudor sepultado en los poros se negaba a resbalar. La transpiración se clavaba a la memoria, me mordía la vista, rumiaba mi consciencia. Caí de bruces. Mi rostro se incrustó en el suave musgo. Mi anatomía se desmembró.

Perdí todos los dedos, menos uno, con el cual tracé un círculo por donde caí hacia la profundidad, hundiéndome en caracola subcutánea, subterránea, subexistencial. Llegué al embrión aporreado dentro del vientre del desconcierto. Las llagas de la infamia flotaban igual que labios entreabiertos, lapas se incrustaron a mi gelatinoso cuerpo. El aire me faltaba al descender por ese pozo de vértebras heridas. El miedo aceleraba la caída. Llegué a mi voz. La escuché preguntarme: ¿ Quién fue aquel extraño que se apoderó de tu mente en el momento que pensaste por primera vez ? ¿ Quién eres tú ? ¿ Alguien vive en tí ? El túnel por donde mi desmembrado yo caía me arrancaba la serenidad. No quise estrellarme al final, en el hoyo estaría el basurero de chatarra anímica. Los escombros humanos, el desperdicio generacional, cáscaras y prejuicios. El espeso conformismo. Aquel destino definitivamente no era para mí. En aquel sótano yacían los hogares de utilería, las escenografías sociales, miré a muchos escupiendo hipocresía, la envidia coagulada en silencio, y las cadenas enroscadas donde hacen su nido los cobardes, los globos soltados por los niños en un parque nevado de jeringas, larvas juveniles, redadas indiscriminadas, prisiones degradantes donde se autoencarcela la mayoría. ¿ Acaso no hay remedios ? La ausencia de respuestas me desnutría. Detuve la caída aferrándome a las salientes de aquel lúgubre epílogo. Comencé a trepar por las épocas. Puse mis pies sobre los cráneos de Coatlicue. Sofoqué con escupitajos la hoguera de la Santa Inquisición Católica. Sequé la transpiración de mi cuerpo con el lienzo de la madrugada. Percibí que mi códice mental ha heredado sufrimiento ancestral. Amenazado por la depresión, comprendí que moriría dentro de mí mismo si no hacía algo por evitarlo. Tenía que alcanzar el bosquejo que había trazado allá arriba en mi planeta personal, se me dificultaba hacerlo, las rocas derretían mi rostro, mis facciones se diluían en truncados pensamientos. Con violento esfuerzo logré que mis manos reverdecieran; luego las convertí en antorchas para alumbrar el ascenso. Me erguí por encima de las demacradas pesadillas y los virus rotos. Escalé y abandoné la estéril llanura de amargura y rencores. Con lápidas de borrados nombres improvisé peldaños. Lloré, grité, dudé. Aunque la luz me lastimaba, forjé con ella una navaja con la cual desprendí las costras existenciales, continué ascendiendo, la Libertad paseaba por ahí, y entonces sujeté con fuerza sus tobillos para salir de aquel esclavizante vórtice.

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Todo lo aquí narrado, anidó en mi circunvolución cerebral, y ahí ha permanecido igual que nutriente fungus. Nunca el susto había violado a mi cordura de tal manera. La hermosura cohabitó conmigo intensamente. Después de todo aquello, proseguí la búsqueda hacia la esencia subjetiva, la auto auscultación ha sido profunda, sin embargo, termina nunca. Desde entonces, me esfuerzo por navegar por el océano de la salud mental con el convencimiento de que estar vivo es irrepetible privilegio.

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VIAJE EN HONGOきのこの旅

マヌエル・ペニャフィエル作 甲佐瑞穂訳

これは、哲学、不可解なもの、そして未知への恐怖などが私の心を侵し、消せない痕跡を精神に刻み込んだ瞬間を描いたものである。それらの体験は、今もなお解かれることのない謎の扉をいくつも私の前に残している。

旅の初日、私たちは車を地元の質素な厩舎に預け、背中に荷物を背負って歩き出した。目指すは川辺。その穏やかな場所にテントを張り、一夜を過ごす計画だった。広がる草原を進む中で、同行者たちは土地に生える二種類のキノコについて語りはじめた。一つは「パハリート(小鳥)」と呼ばれる小さなキノコ。多量に摂取すれば幻覚などの効果は得られるが、その代償に胃痛を伴うという。もう一つは「サン・イシドロ」。大きく存在感のあるそのキノコは、強力な効力を持つと噂されていた。

午後になると空は灰色に染まり始め、雨の予感が大地に満ちた。私たちは急いでテントを設営し、その周囲に溝を掘った。その作業は、降り始めた雨水を避けるだけでなく、毒蛇の侵入を防ぐという役割も果たしていた。

その作業中、一人の地元の老人が現れ、「サン・イシドロ」のキノコを売りに来た。夜が迫り、翌朝まで採取に行けそうになかったため、私たちはそのキノコを買い取ることにした。

夜が深まり、雨音がテントを叩きつける中、私たちはキノコを均等に分け、それぞれ四つずつ口にした。そして静かに、その効果が現れるのを待った。雨が止むと、私は懐中電灯を手に一人で外へ出た。仲間たちがいつも行動を共にする中で、私は群れの絆を離れ、自然と一対一で向き合いたいと感じていたのだ。

夜の森は異様な静けさに包まれ、そこにはまるで目に見えない脈動があった。闇は深く、星々がその帳を刺繍するように煌めいている。木々の葉はそよ風に揺れ、生き物の心臓のように脈打ちながら膨らんだり縮んだりしている。森全体が一つの生命体となり、呼吸しながら空間を広げていくようだった。

ふと周囲の音に耳を澄ませると、草の間から聞こえる何かのかすかなざわめきが聞こえてきた。その正体を確かめようと、私は懐中電灯の光を頼りに慎重に歩を進めた。

やがて、闇の中に白く揺れるものが視界に入る。それは静かに不規則な動きで形を変えながら漂い、骨のざわめきにも似た冷たい感覚を放っていた。

その奇妙な存在を前に、私の足は自然と止まった。直感が危険を告げ、胸の奥で何かが警鐘を鳴らしている。

気づけば私は川辺に立っていた。足元には暗く湿った土が広がり、川の静かな流れが、囁きながら私を誘うように感じられた。ほんの数歩、もしそのまま進んでいたなら、私はその囁きに引き込まれ、川の深みへと消えていただろう。

その瞬間、私は「サン・イシドロ」の効果を全身で理解した。意識はぼんやりとしていたが、感覚は鋭く研ぎ澄まされていた。

森の闇はただの闇ではなかった。それは息づき、脈動し、リズムを奏でていた。葉のざわめきや木々の揺らぎが、私を包み込み、森そのものと私を一体化させていく。

その瞬間、私の中で歓喜が胸の奥から沸き上がった。私は走り出し、木々を抱きしめたい衝動に駆られたが、その場に根を張ったかのように動けなかった。それでも目は空を捉え、無数の葉が星々と溶け合い、無限の広がりを見せる光景に心を奪われた。

その瞬間、私は森の一部だった。そして、森もまた私そのものだった。

冷たく湿った地面の感触が足元から伝わり、私は深い闇に吸い込まれるような感覚を味わっていた。ただそこに立ち尽くしながら、これまで無駄にしてきた時間の存在が不意に脳裏に浮かび上がった。私は怠惰と傲慢さを悔い、詫びた。しかし、時間は答えることなく、鞭打つようなチクタクというリズムで私を刺し続けた。その音に耳を澄ますと、人類の歴史が洪水のように流れ込んできた。

紛争に明け暮れた夜明け、戦争好きな政府、憎しみ合う民族、殺戮の宴、氷の羽毛、腐敗する政治、デマにまみれた言葉、石版に刻まれた新聞、残酷な闘牛血塗られた

ショー、鈍感な群衆、思考を奪われた孤児たち、都市に漂う物乞い、実らぬ畑を耕す農民、羽をもつ障がい者、聾唖者のバレエ、貧血に侵された血管。

そんな情景が次々と目の前を通り過ぎ、私自身の人生に燃え広がったサーカスの光景が蘇る。空中ブランコの曲芸師たちは、灼熱のトラペーズを掴めず、落下していく。彼らの傷だらけの体からは盲目の胎児が現れ、シリコンとエメラルドの言語で歌い始めた。楽譜は引っ掻かれたガラスのようで、子供の頃、不安げにアルファベットを書いた黒板が崩れ落ちていった。灰色の列をなすのは、凡庸な教師たち。飢えた小人たちの雪崩が押し寄せた。黄金の振り子が降りてきて、その揺れがさらに私の神経を湿らせていった。

苦悩の頂点は、崩壊と敗北が頂点に達し、神殿は音を立てて崩れ去った。

やつれた老婆たちは口ごもりながら賛美歌を繰り返し、貪欲に互いと争った。それは宗教そのものだった。腐臭を放つハーピーたちは靴を脱ぎ、偽善的な懺悔の中で自分たちの靴をむさぼり食った。その狂信的なトランスが終わると、歩きながら道の荒さに不平を漏らした。理性というぼろ布で包帯を織ろうとしたが、挫折がその道筋を解きほぐしてしまった。

やがて、教義によって奴隷化された子供たちや、片腕を失った男たちは、迷宮へと変化して消えていった。私は自らの内側に目を向け、湿ったカーネーションのように揺れる心を見つけた。そして、それこそが私自身の庭であり、そこに安らぎがあることに気づいた。

キノコの効果が次第に弱まるのを感じながら、私はキャンプへ戻った。

仲間たちのおしゃべりは取るに足らないものだったが、それが妙に心を落ち着かせた。しかし、私は再び一人になることを選んだ。精神の深みに触れようとする期待の網を投げるために。

再びキノコの効果が私を引き込んだ。以前溺れそうになった川の縁に戻り独りきりで考え込むうちぬに焦燥感が胸を締め付けた。

人生の多くの貴重な時間が、ただ生存のための物質的な手段を探すことに費やされてしまうという思いが、私を不安にさせた。その結果、私たちは精神の爆発的な宇宙的拡張という奇跡を浪費してしまう。深い思索の中で、不意に聞こえた乾いた枝のきしむ音。足元をかすめる蛇が、鈍い光沢を放ちながら草を押しつぶし、波のように進んでいくのを見つめていた。

私は心の中でつぶやいた。「お前が見ているものの多くは、ただ脳の中にあるだけだ。」その瞬間、蛇の動きが止まり、空気が凍りついたように感じた。

にその場を離れたが、その蛇が現実の存在だったのか、それとも幻覚だったのか、確信を持つことはできなかった。内なる不安は、抽象的な脅威へと姿を変えていくものだ。

小雨が降り始め、その冷たさが私を救い出すようだった。意識が少しずつ正常に戻り、再び森に目を向けると、そこに自分自身の姿が映し出されているのが見えた。枝葉の中で私の存在が分裂し、拡散していく。そして、不意に耳を突き抜けるアステカ語の話し声。驚き、振り返ると、二人の男のシルエットが浮かび上がった。彼らは私を観察しながら何かを話している。タバコを吸うたびに、その赤い火がちらついた。

恐怖が胸を締めつけた。気づけば私は、キャンプから遠く離れた場所に来てしまっていた。彼らは何を企んでいるのか?どれほどの間、私を観察していたのだろうか?その疑問が心を掻き乱す。だが、私は話しかける勇気を持てなかった。舌は厚ぼったく、言葉はキノコの影響で意味を失い、不器用に絡み合った糸くずのようだった。

遠くから犬の吠える声が響き、男たちの囁きは続いた。しかし、奇妙なことに、彼らの存在への恐怖は次第に消え、不安は静寂へと溶けていった。

私は高くそびえるサビノの木の幹に身を預けた。驚いたことに、それを揺らすだけの力が自分にあると知った。木の枝葉からは虹色に輝くオパールがこぼれ落ち、地面地面に転がった壺からは、嘆きの声を上げるように色褪せた先住民の祖先の写本が飛び出してくる。それはまるで時代そのものが木の中に封じられていたかのようだった。

私は興奮に突き動かされ、さらに木を揺らした。すると、さらに多くの物が落ちてきた。目の前で、肉でできた孤児のピニャータが引き裂かれ、その直後に炎に包まれた獣の咆哮が森に響き渡った。その混沌とした光景の中、私はふと気づいた。人生の大半が、生きるための手段を追い求めることに費やされ、私たちは無限に広がる宇宙と精神の拡張の可能性を浪費しているのだ、と。

その思索の中で、空からマゼンタ色の霧が降り注ぎ、渦巻く口を開いた。それはまるで燃え立つ小惑星のように震え、痙攣していた。その中に私は自分の宇宙、私だけの銀河を見た。そこに漂う胎児は、超新星の星々に抱かれながら浮遊していた。だが、突然、そのすべてが崩壊した。爆発とともに、私の体は震え、深い咆哮を吐き出した。

「私は決して無気力な犠牲者にはならない!」

その叫びが空間に響き渡った瞬間、上空から「失敗」という存在が姿を現し、ズボンのチャックを開けると、黄金色の液体が飛び散った。

それは幻覚じみた家族の残像を呼び起こし、私はその光景から必死に目をそらした。振り返ると、家族の象徴である者たちが互いの肉を削り合い、やがて疲弊しきった骸骨へと変わり果てていた。骸骨同士がぶつかるたびに歯を吐き出し、それが地面に散らばり、不気味な臭いを漂わせていた。

その場の惨状に耐えきれず、私は足早にそこを離れることにした。

しばらく歩くと、働き者の蟻たちが、細かく砕かれた草のキャラバンを運ぶ姿が目に入った。その連帯感と秩序だった動きに、しばし心を奪われた。やがて、あの二人組が吸っていたタバコの香りも薄れ、それと共に僕の恐怖も消えていった。そのとき、一人の男が囁くように言った。

「驚かせてすまなかったな。山で薪を集めてたら夜になっちまって。俺たちは悪い人間じゃないけど、気をつけな。あのキノコを食べると頭がひっくり返ることもあるからな。」

彼らはそう言うと、笑い声を残しながら霧の中へと消えた。それはまるでフクロウの羽音のように静かで、夜の森に溶け込んでいった。

キャンプに戻ると、仲間たちはいつものように笑い声を交わし、何気ない会話を楽しんでいた。だが、私はその輪に加わることができなかった。恐怖と疲労で体は鉛のように重く、言葉を発する気力も残っていなかった。湿ったブーツと濡れた服を脱ぎ捨て、私はテントの中へと身を潜めた。

横たわりながら、頭の中をぐるぐると渦巻く一つの問いがあった。

「すべては心の中に本当に、すべてが心の中にあるのか?」

その問いは、果てしなく反響し続けた。やがて黒い波のような影と日食のような暗闇が私を飲み込み、全てが消えた。そして、私は深い眠りへと堕ちていった。

2日目の朝、目を覚ますと、誰かが淹れたコーヒーの香りが漂っていた。その味わいを楽しんでいると、現地の青年が現れた。彼は「ヒタカトル」と呼ばれる小さな袋にキノコを詰めて持ってきており、彼が売る気満々でキノコを見せてくる様子に、思わず微笑んでしまった。それはまるでホテルの朝食サービスのようだった。

私たちはコーヒーを片手にキノコを口にした後、私は草の上に寝転び、陽射しを浴びながらバッタが緑の軌跡を描く様子を眺めていた。時間はゆっくりと流れ、世界が穏やかに呼吸しているように感じられた。

その後、さらにキノコを探しに放牧地を歩き回った。3時間ほどの探索の末、収穫はわずかだった。すでに地元の人々が早朝に一帯をくまなく探してしまっていたのを知り、少しばかり悔しさが胸をよぎった。途中で出会った旅人の一人は、この地に3ヶ月以上滞在していると言った。彼の目には奇妙な光が宿っており、その視線はどこか遠くを見つめていた。

放牧地を抜けるとき、彼は平然と牛が唾液を垂らして飲む水場で水を口にした。感染症の危険など気にする様子もなく、それがキノコの効果による無防備さだと感じた。私自身も同様に、踏み荒らされた土から拾ったキノコをそのまま口にしていた。

キャンプへの帰り道、私たちは見つけたキノコをすべて食べ尽くしてしまった。農家の犬に追われて慌てて逃げた末、私は糞に足を突っ込んでしまった。川辺にたどり着き、ブーツを洗おうとしたとき、再びキノコの効果が訪れ意識はどこか遠くへと漂った。気づくと、私は服を着たまま川の冷たい水の中に立っていた。体を洗い清め、冷たく輝く岩の上に腰を下ろした。その瞬間、幸福感が全身を包み、涙が自然と溢れた。

涙は川底へと落ち、私はその軌跡をじっと見つめていた。やがて、私の身体は巨大な滴のような存在となり、川と一体化していった。私は沈黙の奥深い場所へ向かうプリズムの果てを旅していた。

瓦礫のような夜を経て、私は甦るような感覚で目を覚ました。新たな朝が訪れていた。二人の仲間はすでに他の者より早く起き、食料を補充するために村へ向かった。私も彼らの後に続いたがそこでは、メキシコの貧困が人々を静かに蝕んでいる様子が見受けられた。村を歩いた後、キャンプに戻ると、仲間たちが百個ものキノコを採取して待っていた。朝食を準備し、長い「旅」への準備を整える。私は十四個のキノコを口にし、効果が瞬く間に現れた。その瞬間、すべての感覚が研ぎ澄まされ、世界の本質がまるで開かれるように思えた。

その美しい景色に圧倒され、森の奥へと足を踏み入れると、緑がまるで自分の領地であるかのように感じられた。金銭で得られる所有物など無意味だと感じ、世界全体が自分だけのものであるかのように思えた。この特権を、太陽の恵みの下で楽しむことを誰にも奪われることはなかった。自然との調和は、私たちを思考の暴風のような存在に変える。植物という宝物こそが真の富であると気づいた。

クロロフィルの香りが体に染み渡り、その味すら感じることができた。そしてキノコのことを考えると、それらは偽りの形を取り始めた。目を上げると、空が開き、紅い雲でできたう幾つもの層が現れた。その鼓動する果肉は、勃起したキノコの圧倒的な衝撃を受け入れていた。耳鳴りが響く中、私は射出される精液となり、自分の思想そのものが私を妊娠させた。そして、説明不能なものとの交わりを果たした。

私は謎に満ちた卵子の中に入り、それが開くと同時に答えを拒むように閉じるのを体験した。泡のような疑問と予感を飲み込む中で、ほとんど溺れかけた。疲れ果てた私は、裸の思考の道筋を探索した後、意識を失うようにして横たわった。しかし、しばらくすると力を取り戻し、再び幻覚のサファリへと進み出した。

やがて、方向感覚を完全に失った。真昼にもかかわらず、暗闇が現実の光を食い尽くしていた。地面が揺れるのを感じたが、それは主観的な地震のようだった。冷静さを保とうと努力し、直感のコンパスで位置を確認しようとした。私は、かつて盲目的に信じた神をすでに心から追放していることを再確認した。それは、自らの孤独を癒すために迷信を創造し、信者を支配する古い神話の残骸だった。

私は宗教が押し付ける幻想を拒み、自分自身の思考と感覚を全ての基盤として認めることを喜びとした。カオスの深淵において、私たちは孤独であるが、その孤独が自由をもたらすのだと理解した。私は彗星のように自由な軌道を駆け抜ける旅人であり、完全な自律性を持つ存在だった。

キノコの導きの中、次々と異様で奇妙な光景が現れた。あちこちに光が瞬き、回転する花火の輪、瞬く虹が次々と出現した。私の視界は驚異的に広がり、自分の肩の後ろまでも見えるような感覚に襲われた。黒いシルエットが無秩序に揺らめき、風はカレンダーの騒音のように聞こえた。鳥たちのさえずりが耳をつんざき、子供時代の悲鳴のようなものも響いてきた。

終わりのない感覚の雪崩の中、私は一体どこへ向かうのか、自分自身を見失うのだった。

私は首を刎ねられた亡霊を引きずりながら進んでいた。体内の血管が鐘の音のように鳴り響き、空を彩る赤い光が降り注ぎ、その光で私を溺れさせた。足元は見えず、次第に動けなくなった。私は山そのものと化し、すべてが目の前を高速で通り過ぎていった。金属の輝きが瞬き、木々は溶けるように消えていった。恐怖が胸を満たし、闇がすべてを覆い隠した。空は紫の裂け目となり、時折その存在すら消え失せた。

私は揺れ動くカプセルの中に閉じ込められ、骨を締め付ける痛みに苛まれていた。鋭い声が皮膚を裂き、肉からは囁き声が噴き出した。汗は毛穴に埋もれ、流れ出ることを拒んでいた。その汗が記憶に刻み込まれ、視界を食い尽くし、意識をかき乱していた。顔から倒れ込み、柔らかな苔の中に埋め込まれた。身体がばらばらに分解され、指は一本を残してすべて失われた。その一本の指で円を描き、その中に落ち込むようにして深淵へと沈んでいった。

私は、混乱の子宮の中で打ちのめされた胚芽へと戻った。傷ついた背骨の井戸を落ちていく中で、空気を求めて喘ぎ、恐怖が落下速度を加速させた。やがて自分の声に辿り着き、それは問いかけてきた。

「お前が最初に考えたとき、誰がその思考を奪ったのか?」

「お前は誰だ?」

「お前の中に誰かが住んでいるのか?」

その問いかけに答えられないまま、私の不安定な自我はトンネルを落ち続け、静けさを奪われていった。底に待つのは感情のスクラップ置き場、人間の廃棄物、世代のゴミ、偏見の殻、そして鈍い順応だった。その底は私の居場所ではなかった。そこには、見せかけの家庭や社会の舞台装置が散らばり、偽善や沈黙した嫉妬、臆病者が巣を作る鎖が絡みついていた。

薬はないのだろうか? この問いに答えが得られないまま、私は飢えた感覚に陥った。しかし、その落下を食い止め、暗い終幕の突起をつかみ登り始めた。時代を逆行しながら、私はアステカ神の祭壇(クアトィクレ)んの屍を足場にし、カトリックの異端審問の炎を唾で消し、夜明けの布で汗をぬぐった。私の精神の記録は、先祖代々の苦しみを受け継いでいるのだと感じた。

私は自己の中で死にゆく運命を拒絶し、全力で立ち向かうことを決意した。描いたビジョンを掴むために努力したが、溶ける岩が顔を焼き、思考が断片化した。猛烈な意志の力で手を再生させ、それを松明へと変え、登るための光を手にした。悪夢と壊れたウイルスの上に立ち、怒りと憎しみの不毛な平原を越えた。

私は無名の墓石を足場にして涙を流し、叫び、疑いながらも登り続けた。光が目を刺したが、それを刃に鍛え上げ、存在のかさぶたを削ぎ落とした。ついに、自由が歩くその足首を掴み、私を束縛の渦から引き上げたのだった。

自由の光の中で、私は初めて深く息をつくことができた。

ここに語られたすべては、私の大脳回に巣食い、栄養豊かな菌類のようにそこに留まり続けている。かつて恐怖がこれほどまでに私の理性を侵したことはなかった。美しさは私とともに激しく共存したのだ。

あの体験の後、私は主観的な本質を追い求め続けている。自己を深く観察する試みは果てしなく続き、終わりを知らない。

それ以来、私は精神の健康という大海を航海する努力を続けている――生きていることが、二度と繰り返されない特権であるという確信とともに。

©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.

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