10 AQUELLA EXTRAÑA MUCHACHA
© Manuel Peñafiel, Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
12/13/202512 min read


Un áridamente caluroso día, visité el misterioso desierto del Estado de San Luis Potosí, México; donde el peyote ( péyotl en idioma náhuatl ) me condujo por intimidantes, asombrosos, meditativos y espectaculares senderos sensoriales. Después de recoger mi tienda de campaña junto con los demás enseres, subí en una camioneta de transporte colectivo por la pedregosa pendiente que me llevaría al pueblo Real de Catorce, estando ahí, me detuve en el mesón que ya había conocido para desayunar. Ahí estaba la rara muchacha con dorada cabellera que yo había visto anteriormente. Se acercó para mirarme con curiosidad. Apuré nerviosamente la taza de café. No me había bañado en días. La camisa parecía de sucio cartón, los pantalones también estaban tiesos y empolvados. Escondí las botas sucias bajo la mesa.
¿ De dónde vienes ?, me preguntó.
Sin esperar respuesta, tomó una cubeta y salió del mesón. La seguí hasta que se detuvo en el pozo para extraer agua y llenarla. Entonces pude ver aquel rostro tiernamente medieval con tristeza surcando aquellos rasgos. Se volvió con la cubeta ya llena y de nuevo preguntó:
¿ De dónde vienes ?, sin esperar respuesta agregó: pareces un gambusino intelectual.
Vengo de la Ciudad de México, tímidamente respondí.
Ella ignoró mi comentario para murmurar despectivamente:
¡ Ah ya sé, aquella que se está envenenando por la contaminación ambiental y la basura !
Con la cubeta llena se alejó de ahí.
Arreglándome el sombrero, pues la luz molestaba mis ojos, me dirigí al escritorio de la recepción de aquel modesto hotel para reservar una habitación con la intención de hospedarme.
1 Manuel Peñafiel en un cementerio del desierto Fotografía de Manuel Peñafiel


2 Manuel Peñafiel preparando su campamento en el desierto
Los días se deslizaron entre las calles de aquel crucigrama pueblerino prístino y antitóxico. La muchacha rara de larga cabellera rubia me narró el origen del nombre de aquel pueblo que se remonta al siglo 16, cuando los invasores genocidas españoles arribaron codiciosamente después de que Hernán Cortés, el homicida encumbrado les facilitó el pillaje cuando se explotaban yacimientos de minerales, todos los cuales eran considerados propiedad del rey Carlos I de España V de Alemania, de ahí el nombre de Reales.
A mediados del siglo dieciséis la sierra montañosa de los territorios, los españoles la nombraron San Luis Potosí. En este paraje fue que los indígenas trabaron combate con una patrulla de catorce soldados virreinales que exploraban el terreno buscando agua. Los indignados aborígenes cansados de los ultrajes cometidos por aquellos forasteros los aniquilaron a todos, para después colgar sus cadáveres en los árboles llamados mezquites. El lugar a partir de aquel incidente se llamó El paraje de los Catorce, y más tarde adoptó el nombre de El Real de Catorce.
El trabajo de minas se hacía a base de mucha gente. Los españoles esclavizaban a hombres, mujeres y niños. Acumulados ahí toda clase de aventureros y comerciantes venidos en hediondos barcos desde la península Ibérica; dichos advenedizos convertían aquello en un enorme bullicio humano.
La región fue explotada cavando túneles tan largos que algunos llegaron a medir más de tres mil metros. Para llegar al pueblo en la actualidad es necesario atravesar un largo túnel por donde solamente hay espacio para un vehículo, siendo necesario esperar turno si algún automóvil o camión ya viene en sentido contrario con los faros encendidos.


3 Manuel Peñafiel autor y documentalista experimentando los poderes del péyotl
En la primera década del siglo 20 comenzó la decadencia. Las minas recortaron el número de trabajadores. La gente desempleada no tuvo otro remedio más que emigrar. De los veinticinco mil habitantes que en sus buenos tiempos llegó a tener el Real, solamente quedaron doscientos cincuenta. La pequeñita oficina del correo y telégrafo siguió operando gracias al cuidado de una mujer casi ciega. El presidente municipal era campesino que apenas sabía leer y escribir. Solamente los ancianos que no pudieron abandonar sus casas eran los que concurrían las bancas de la solitaria plaza, en donde se sentaban a fumar cigarrillos de hoja de maíz.
Actualmente el pueblo renace fugazmente año con año gracias a las procesiones del cuatro de octubre, cuando la gente acude a venerar al mitológico santo patrón Francisco de Asís. La plaza se llena y el comercio surge animado.
La extraña muchacha con larga y blonda cabellera jamás me dijo su nombre. Comencé a decirle Rara pero eso hacía que se enfadara. Una mañana no pronuncié la primera letra y la llamé Ara. Ella sonrió.
Y luego, por fin me dijo:
Si piensas en algún cometa o en el rastro que dejan las olas adivinarás como me llamo.
Eres una estela de luz, exclamé jubiloso.
¡ Acertaste, respondió ella !


4 Péyotl del desierto Fotografía de Manuel Peñafiel
La oscuridad nos sorprendió una tarde en que salimos a caminar por las tortuosas calles de aquel ruinoso pueblo. Al pasar frente a un muro de adobe, vimos salir luz de una de sus ventanas. Nos asomamos al interior donde se encontraban varios hombres sentados sobre un tablón de mezquite. Sus desganadas posturas contra la pared del pequeño cuarto mostraban los efectos de la embriaguez. Su vocabulario era soez.
La mortecina luz del único foco que colgaba del techo alumbraba a un extraño individuo de color renegrido con áspero pelambre. Vestía calzón de mugrosa y parchada manta sostenido con faja roja. Se cubría con sarape de burda lana. Este sucio sujeto tocaba un primitivo violín rasguñando ofensivamente a la noche con su insolentemente. Al descubrir que Estela y yo estábamos asomados por la ventana dejó de tocar para mirarnos con la frialdad de un resentido. Algunos hombres protestaron por la falta del sonido de aquel desafinado instrumento musical, en tal momento el hombre nos señaló. En ese instante varios se pusieron de pie.


5 Cabezas de péyotl sobre el sombrero del documentalista y escritor Manuel Peñafiel
La casa voló. Sus costillas de madera reventaron. Los vidrios sangraron el ánimo de los ahí presentes. Las mujeres mordieron el rebozo para no gritar. Todos corrieron tratando de sofocar aquel infernal incendio. Entre los escombros pudieron rescatar el cadáver del niño que yacía junto a los cuerpos mutilados de los que se habían amotinado aquella fatídica tarde.
Por la noche, velaron al chiquillo en el atrio de la iglesia al aire libre para que todo el pueblo pudiese acudir a despedirlo. Se encendieron tantas veladoras alrededor del ataúd que la noche clareó, y los sollozos casi se podían tocar con la mano. La tristeza era densa, como la barriga de un reptil.
Después de eso, la hija del dueño de la mina vistió ya siempre de luto morado igual que los santos de la iglesia cubiertos durante la Cuaresma. La joven permitía que su rubio cabello creciera durante el año, sin embargo, justamente a la fecha en que se cumplía otro aniversario de la muerte de su hermanito lo cortaba para ir a depositarlo como ofrenda a la sepultura del pequeño mártir.
La sirvienta del mesón dejó de hablar para acomodar la vajilla limpia en la alacena. Pensé en lo ocurrido la noche anterior resistiéndome a hacer comparaciones. Exaltado le reclamé a la mujer de la cocina que todo lo que me había narrado no tenía que ver con nosotros.
Aquella trabajadora doméstica se quitó el delantal que había usado para lavar los trastes, lo dobló cuidadosamente para guardarlo en un cajón.
Con el ánimo lijado por los pesarosos años, desganadamente me replicó:
Usted joven no se da cuenta, o quizá no lo quiere hacer, que las personas que ustedes vieron anoche ya están muertas.
Al escuchar esto sentí malestar y escalofrío.
La mujer suavemente como quien le habla a un necio ignorante continuó explicándome.
Todos los que vivimos en este pueblo de Real de Catorce sabemos que por estas fechas se aparecen los que murieron aquel día en la explosión, y esto bien lo sabe también mi patrón el dueño de este mesón. Es por eso que a su hija le tiene prohibido salir sola de noche. Ella es rubia. Él por supuesto nunca ha querido correr riesgos al ponerla en peligro. No fue hasta que usted se hospedó aquí que su hija lo desobedeció en eso, y en otras cosas más que me imagino ambos han hecho a escondidas.
La gente comenzó a murmurar desde que ustedes empezaron a pasear muy juntitos de arriba pa’bajo. El padre de Estela ya estaba disgustado y ‘ora más, después de que anoche llegaron todos carrereados a punto de que se los llevaran los condenados.
Ustedes dos tuvieron mucha suerte de que el ánima bondadosa de Carmelito se apareciera y con su sola presencia los defendiera de aquella pandilla de endemoniados.
Ándele joven, vuélvase pa’la capital y olvide a la hija del patrón. Yo rezaré por ustedes dos dondequiera que yo ande.
Pensé en aquella singular muchacha rubia viviendo en aquel abandonado pueblo. Quise replicarle a la sirvienta… pero ya había salido de la cocina.
El mesón quedó completamente solo. Lo recorrí ansioso. El suelo de madera rechinaba bajo mis curiosos pasos. Llegué a la puerta donde un año atrás había visto por primera vez a la enigmática muchacha de larga cabellera rubia. Su alcoba lucía impecable cual capilla almidonada. El florero estaba lleno de flores secas llamadas siemprevivas, tomé una que se deshizo en mis dedos, los pétalos muertos cayeron al piso, crujiendo cuando pasé sobre ellos al abandonar aquel blando nido.
El viaje al desierto de San Luis Potosí dejó marca meditativa en mi mente. Disminuyó notablemente aquella ansia por sobresalir en el campo artístico. Reconocimiento, éxito, fama…que significaban estos conceptos al lado del portento del renacimiento cotidiano. Estas tres situaciones perdían valor con el desperdicio de paz en la neurótica búsqueda de anhelos materialistas, que se empequeñecen ante la muerte, y el romance que uno puede tener con la propia existencia, vivida pausadamente en reconciliatorio presente.
Aquella extraña muchachaあの奇妙な少女
マヌエル・ペニャフィエル作 甲佐瑞穂訳
6 Real de 14, San Luis Potosí, México ©Manuel Peñafiel
Quisimos alejarnos pero salieron a cercarnos el paso. Al retroceder tropecé con el empedrado de la calle. Ellos rieron y el miedo se hizo irritante. Me levanté para tomar a mi acompañante de la mano. Cuatro grandulones nos separaron bruscamente.
El hombrecillo renegrido que había estado violentando a su violín sacó un enorme cuchillo que traía en su faja. Como quien sujeta la maleza para cortarla en el campo con sus regordetas manos groseramente tomó el cabello de la muchacha. Aquel mugriento se disponía a cercenarle la cabellera. Estela gimió. Las risotadas nos mancharon más que las sucias manos que nos sujetaban. Cuando el cuchillo estaba a punto de cortar, un niño se abrió paso entre los hombres para llegar hasta nosotros.
Los rudos individuos al verlo nos soltaron para correr en desbandada. Asustados por lo que había ocurrido permanecimos inmóviles, sin saber la razón por la que habían huido. Aquel peculiar muchachito sonrió mirando a la chica. La sonrisa era nostálgica. Alzó los brazos y su ropa despidió un olor parecido al de la pólvora. Con sus manecitas sacudió el vestido de Estela tratando de enmendar el maltrato recibido.
Cuando el niño tocaba la tela se producía una especie de estática y chispitas luminosas aparecían entre los pliegues, él suspiró; de su gargantita salió el sonidillo que hacen los leños al quemarse. En su risita se escuchó el chisporroteo que produce la madera en una hoguera. Los ojos del niño eran rojos carboncillos encendidos. Su cabello se ondulaba con el viento despidiendo las tonalidades azuladas que hay en el alma de las flamas. Sin decir palabras el niño se alejó.
Nos quedamos sorprendidos sin conocer su identidad, cuando reaccionamos quisimos alcanzarlo, sin embargo, lo perdimos de vista entre la penumbra de aquellas laberínticas callejuelas empedradas. Volvimos agitados al mesón donde le narramos lo ocurrido al padre de la muchacha rubia. El hombre mostró rostro contrariado ordenándole a Estela que subiera a su habitación. Después sin darme alguna explicación apagó las luces del negocio y se retiró. Me fui a dormir haciendo toda clase de suposiciones.
De mañana, acudí al comedor con la esperanza de encontrarme con Estela para preguntarle la razón por la cual su papá se había enfadado tanto. Pero por ninguna parte los encontré.
La sirvienta que me atendió en el desayuno dijo que el señor le había ordenado a su hija que fuera a pasar algunos días a casa de sus tías. De la bolsa de su delantal sacó un papel diciendo que el propietario le había ordenado entregármelo. Era la cuenta del hotel. Comprendí que el dueño deseaba que me marchara, esto me irritó. Traté de convencer a la mucama que me indicara el paradero de la hija del dueño del mesón. La mujer titubeaba por momentos. Finalmente no pude obtener ninguna información.
Lo único que se atrevió a decirme fue que no debimos de haber caminado solos por las calles del pueblo a esas avanzadas horas vespertinas. Le dije que habernos topado con esos malvivientes había sido un accidente, pero esa no era razón por la cual reprender a su hija….y menos echarme del mesón.
En este pueblo no hay delincuentes, me rebatió.
¿ Entonces quiénes eran los hombres que nos atacaron anoche ?, malhumorado le repuse a la mujer.
Clarito se ve que usted no es de aquí, joven. Los de anoche no eran hombres comunes, sino penitentes en purga.
Explíquese por favor, señora, irrumpí impacientado.
La mujer llevó los platos sucios al fregadero y comenzó a lavarlos. Traté de calmarme para pedirle suavemente que me explicara todo eso de lo que hablaba.
Sin apartar la vista de los jabonosos trastes, comenzó a decirme: Verá, hace decenas de años cuando las minas empezaron a decaer, los mineros quedaron en malas condiciones. El hambre empujó a algunos a cometer actos desesperados con tal de recuperar los empleos perdidos. Hubo un día en que los mineros se amotinaron, encerrándose en la casa del patrón con su hija como rehén. Amenazaban volarlo todo con dinamita que habían robado del almacén.
El angustiado dueño de la mina vio como un minero bajo y regordete se asomó por la ventana sujetando a su hija por el cabello. Para dejarla en libertad exigía la reinstalación de los trabajadores despedidos, petición imposible de cumplir para aquel propietario de una mina casi agotada. El minero exasperado ante las negativas del dueño sacó un cuchillo con el cual brutalmente cortó la rubia cabellera de la joven para luego arrojarla como advertencia de lo que le sucedería a su rehén de no obtener lo que pedían.
En medio de tal confusión y vocerío, un niño de escasos cinco años logró colarse al interior de la casa. Una vez dentro, sin ser visto tomó un cartucho de dinamita y lo encendió en la estufa. Con el cartucho chisporroteando de la mecha se plantó frente a los amotinados quienes enmudecieron al verlo ahí.
Aquel chiquillo con su voz delgada advirtió:
Si no sueltan a mi hermana, aquí volamos todos.
El hombre que sujetaba a la muchacha azorado por la posibilidad de morir la soltó inmediatamente. La joven al ver la corta mecha que quedaba en el cartucho, le gritó a Carmelito que lo arrojase fuera. Sal tú primero, respondió el pequeño.
La joven titubeó, pero ante la insistencia de su hermano emprendió carrera. No así los que estaban dentro de la casa. Una horrible explosión empujó de bruces a la joven quien ya huía en dirección al encuentro con su padre.




灼熱が乾いた空に滲む日、私はメキシコのサン・ルイス・ポトシ州、神秘に包まれた砂漠の地へと足を踏み入れた。砂の上で静かに佇むペヨーテのサボテンは、まるで無言の案内人のように、威圧と驚異、瞑想と壮麗の狭間を指し示していた。私はテントと旅道具を片付けると、石だらけの坂道をのぼる共同トラックに身を預け、リアル・デ・カトルセの村へと向かった。
そこに辿り着くと、懐かしい宿屋の扉を押し、朝食を求めて足を踏み入れる。そこで目にしたのは、一度だけ出会ったことのある、金髪の奇妙な少女。彼女は淡い日差しに縁取られた瞳で私をじっと見つめた。
「どこから来たの?」
答えを待つこともなく、彼女はバケツを手に宿屋を出ていく。その背を追いかけると、街の蛇口で止まり、静かに水を汲む姿が見えた。そこで初めて、彼女の中世的な優しさをたたえる顔に、深い悲しみの刻まれていることを知る。
7 Estela, 1979 ©Manuel Peñafiel
「どこから来たの?」
再び彼女が尋ね、今度は軽蔑を混ぜたような声で言った。
「知識人ぶった鉱山探しみたいね。」
「メキシコシティから来たんだ。」私はやっとの思いで答える。
だが彼女は、私の言葉を風のように聞き流し、呟いた。
「ああ、自滅しつつある街ね。」
バケツを抱えた彼女は、こちらを振り返ることもなく静かに立ち去った。その姿が見えなくなると、私は煩わしい光を避けるように帽子を整え、宿屋の受付デスクへ向かった。部屋を予約すると、質素でありながらどこか異国の迷宮を彷彿とさせるこの白い村での日々が、穏やかに過ぎていった。
ある日、あの金髪の奇妙な少女が、村の名前の由来について語ってくれた。
「この村の始まりは16世紀に遡るわ。スペインの侵略者たちが、エルナン・コルテスの導きでここへやってきたの。」
彼らは山岳地帯に埋もれた鉱山を発見し、そこから得られるすべての資源を、スペインとドイツの王カルロス1世(カール5世)へ捧げるべく略奪したという。征服者たちが貪欲に奪い取った宝の数々。それが「レアレス」という名の由来だったのだと、彼女は語る。
さらに彼女の話は、16世紀半ばの血塗られた事件へと進んだ。スペイン人が「サン・ルイス・ポトシ」と名付けた土地で、先住民たちは水を探して地形を歩き回っていたという。そこに現れたのが、14人の副王軍の兵士たち。彼らとの戦闘が始まり、侵略者たちの繰り返される虐待に憤った先住民たちは、ついに彼らを全員殺害し、その遺体を一本のメスキートの木に吊るしたのだ。
「それから、この地は『14人の場所(エル・パラヘ・デ・ロス・カトルセ)』と呼ばれるようになったわ。そして後に、『エル・レアル・デ・カトルセ』という名前が定着したの。」
鉱山の作業は、無数の人々の手によって成り立っていた。スペイン人たちは男たち、女たち、そして子供たちを無情に奴隷として働かせ、その労働力を搾取した。イベリア半島からは悪臭漂う船が次々とやってきて、冒険者たちや商人たちが集い、そこはまるで人間の喧騒の渦中に沈んでいった。
その土地は、鉱山資源の掘り起こしによって徹底的に搾取されていった。掘られたトンネルは、まるで地底の迷宮のように長大で、一部は3,000メートルを超えるという。今でも、その村に辿り着くためには、一本の長くて狭いトンネルを通らねばならない。そのトンネルは車一台が通るのが精一杯の幅で、対向車やトラックが来れば、順番待ちを強いられる。
20世紀の初頭、村は次第に衰退の道を歩んでいった。鉱山の労働者は急激に減少し、仕事を失った人々は他の地に移り住まざるを得なかった。最盛期には25,000人もの人々が暮らしていた「レアル」の住民は、わずか250人にまで減少した。小さな郵便・電信局は、目もほとんど見えなくなった女性によってなんとか運営され、町長は字も書けぬ農民に過ぎなかった。残されたのは、家を離れることができなかった年老いた住民たちだけで、彼らはひっそりと広場のベンチに座り、トウモロコシの葉で巻いた手作りのタバコを煙にしていた。
しかし、今は毎年10月4日の巡礼祭の時期には、この村は一時的に賑わいを取り戻す。人々は守護聖人フランシスコ・デ・アシスを崇めに訪れ、広場は人々で溢れ、商売も活気を帯びるのだ。
あの長い金髪の少女は、最後まで自分の名前を教えてくれなかった。私は彼女を「ララ」と呼び始めたが、それは彼女を怒らせるだけだった。ある朝、最初の一文字を省いて「アラ」と呼んでみると、彼女は微笑んだ。そして、ついに彼女はこう言った。


8 Estela, 1979 ©Manuel Peñafiel
「彗星や波が残す軌跡を思い浮かべれば、私の名前がわかるわ。」
「君は光の軌跡だ!」と私は喜びを込めて叫んだ。
「その通りよ。」
彼女の声は、まるで星空に残る光のように、私の心に深く響いた。
ある夕暮れ、私たちはこの荒れ果てた村の曲がりくねった道を歩いていた。突如として、空が闇に包まれ、辺りが静寂に沈み込んだ。その時、泥壁の家々の前を通り過ぎると、一つの窓からほのかな光が漏れているのが見えた。私たちは無意識にその光に引き寄せられ、窓に顔を寄せて覗き込んだ。
部屋の中には、何人かの男たちがメスキートの板に腰掛けていた。狭い部屋の空気は重く、彼らの気怠そうな姿勢が、酔いに酔いしれたその雰囲気を物語っていた。粗野で下品な言葉が交わされ、笑い声が響き渡る。
天井から吊るされた唯一の電球の薄明かりが、黒ずんだ肌の異様な男を照らしていた。汚れた髪と繋ぎ合わせたズボンに赤い帯を巻き、粗雑なウールのサラペを羽織ったその男は、原始的なバイオリンを引き、耳障りな音を夜の静けさに響かせていた。
私たちが窓から覗き込んでいることに気づくと、彼は弓を止め、冷徹な目でこちらを睨みつけた。男たちの中から不満の声が上がり、バイオリンの音が途絶えたことに反発した様子で、彼は私たちを指差した。瞬間、何人かの男たちが立ち上がり、私たちを取り囲むように外へ出てきた。
私たちは足を速めて逃げようとしたが、道はもう塞がれていた。後ずさりしながら、石畳でつまずき、転んでしまった。男たちの笑い声が響き、恐怖が私たちを包み込む。慌てて立ち上がり、彼女の手を取ろうとしたが、四人の大柄な男たちが私たちを引き離した。
あのバイオリンを乱暴に弾いていた小柄な男が、帯から大きなナイフを取り出した。乱暴な手つきで彼女の髪を掴み、切り落とそうとしていた。彼女は痛みに耐えながらうめき声を上げ、そしてそれ以上に、男たちの無慈悲な笑い声が私たちを辱めた。
その瞬間、ナイフが髪に近づくと、ひとりの少年が男たちの間をすり抜け、私たちの元へ駆け寄ってきた。


9 Estela, 1979 ©Manuel Peñafiel
男たちはその少年を見て驚き、私たちを放すと、一斉にその場を離れた。何が起きたのか、私たちは動けずにいた。少年は不思議な笑みを浮かべ、彼女を見つめていた。その笑顔はどこか懐かしさを漂わせていた。少年は静かに腕を上げ、そこから漂う火薬の匂いに私たちは息を呑んだ。彼は小さな手でエステラのドレスを軽くはたき、受けた仕打ちを修復しようとするかのように見えた。
少年がドレスの布に触れた瞬間、静電気が走り、ひらひらと光る小さな火花が飛び散った。彼はため息をつき、その喉からは薪が燃える時のようなパチパチという音が漏れた。笑い声には焚き火で木が弾けるような不気味な音が混じっていた。少年の目は、赤く燃え上がる炭火のように煌めき、髪は風に揺られ、炎の青い部分のような輝きを放っていた。
少年は言葉もなく、そのまま姿を消した。私たちはただその場で呆然と立ち尽くし、彼の正体を知ることはできなかった。気を取り直し、追いかけようとしたが、石畳の薄暗い路地でその姿を見失ってしまった。
動揺しながら宿に戻り、金髪の少女の父親に昨夜の出来事を話した。しかし、彼は険しい顔つきで、彼女に部屋に戻るよう命じると、何の説明もなく店の灯りを消し、去っていった。私は、混乱した思いを抱えながら、眠れぬ夜を過ごした。
翌朝、彼女に会って、なぜ父親があんなにも怒ったのかを尋ねようと食堂に向かった。しかし、どこを探しても彼女と父親の姿は見当たらなかった。
朝食を準備してくれた女中は、こう言った。「ご主人様が娘さんを叔母たちの家で数日過ごさせるよう命じました」と。そう言いながら、エプロンのポケットから紙を取り出し、「宿の主人があなたに渡すように」と言って私にそれを手渡した。それはホテルの勘定書であり、つまり私に立ち退きを求めているということだと理解した。私は腹立たしさを感じ、女中に懇願して宿の娘さんの居場所を教えてほしいと頼んだが、彼女はただ言葉を濁すばかりで、結局、何も得ることはできなかった。
唯一、女中が言った言葉はこうだった。「あの遅い時間に村の道を二人きりで歩くべきではなかったのです。」
私は反論した。「あの連中に出くわしたのは偶然だった。それが娘さんを叱ったり、私を宿から追い出したりする理由になるのか?」
女中は静かに言った。「この村には犯罪者なんていませんよ。」


10 Estela, 1979 ©Manuel Peñafiel
「じゃあ、昨夜私たちを襲ったあの男たちは一体何者だったんだ?」と、私は苛立ちながら聞いた。
女中は洗い物を始め、泡立つ皿から目を離さずに答えた。「あなたはこの村の人じゃないのが一目でわかりますね。あの人たちは普通の人間じゃありません。彼らは贖罪者たちです。」
「どういうことだ?詳しく教えてくれ!」と私は食い下がった。
女中はしばらく黙っていた後、静かに語り始めた。
「何十年も前のことです。鉱山が衰退し始めた頃、鉱夫たちはほんとうにひどい目にあってね。仕事を失い、どうにかして生活を立て直そうと必死になった者たちが、ついに反乱を起こしたんです。鉱山主の家に立てこもり、その娘を人質に取って、倉庫から盗んだダイナマイトで家を爆破するぞって脅したんですよ。彼らは、解雇された労働者たちを再雇用するよう要求していたけれど、鉱山はすでにほとんど枯渇していて、鉱山主にその要求を受け入れる余裕なんてなかったんです。」
女中は少し目を伏せ、言葉を続けた。
「その時、低くずんぐりとした鉱夫が窓から顔を出して、鉱山主の娘の髪を掴んでいたんです。まるで命を握り潰すような手つきでね。『もし要求が受け入れられなければ、この娘に危害を加える』って、冷たく言い放ちました。怒りに駆られたその男は、ナイフで娘の金髪を無造作に切り落とし、それをまるで警告のように外に投げ捨てたんです。」
女中はしばらく黙り込み、心の中でその時の光景を再び思い出しているかのようだった。
「でもね、混乱の中でひとり、5歳の少年がこっそりと家の中に忍び込んだんです。彼は静かにダイナマイトのカートリッジをひとつ手に取り、台所のストーブに導火線をつけた。火花がパチパチと飛び散り、その小さな命を握りしめた少年は、鉱夫たちの前に立ちはだかって言ったんですよ。」
女中はその言葉を繰り返すように、柔らかく口にした。
「『お姉ちゃんを放さないなら、ここでみんな一緒に爆発するよ。』なんて、細い声で言ったんです。その声は、まるで空気を切り裂くようで、誰もが息を呑みました。」
女中は一息ついてから、続けた。


11 Estela, 1979 ©Manuel Peñafiel
「その少年の言葉に恐れをなした男たちは、急いで少女を解放したんですが、少女がその短くなった導火線を見て叫んだんです。『カーメリート!それを外に投げて!』って。」
「少年は、まるで迷わずに答えました。『先に君が逃げるんだ。』って。」
女中はしばらく目を閉じて、その瞬間の重さを感じているようだった。
「少女は、一瞬のためらいの後、弟の言葉に従い、逃げ出しました。でも、その時、家の中にいた人々は動けなくなって、恐ろしい爆発が起こったんです。」
「爆発の衝撃で、すでに父親の元に向かっていた少女は、地面に投げ出されてしまいました。家の木の骨組みは引き裂かれ、窓ガラスが砕け散り、その破片が周囲の人々を深く傷つけました。女性たちは叫び声を抑えながらリボソを噛みしめ、必死にその火を消し止めようと駆け回りました。瓦礫の中からは、小さな少年の遺体が見つかり、周りには反乱を起こした鉱夫たちの無惨な遺体も散らばっていました。」
女中は静かに目を伏せ、しばらく黙ったままだった。
「その夜、少年の葬儀は教会の中庭で行われ、村中の人々がその命に別れを告げに集まりました。棺の周りには無数のろうそくが灯され、夜の暗闇を昼のように明るく照らしました。涙声が空気を震わせ、悲しみがその場に満ちていました。」
女中はふと顔を上げ、穏やかな声で続けた。
「それからというもの、鉱山主の娘はずっと、四旬節の聖人のような深い紫色の喪服を着ていました。金髪は1年をかけて伸ばし、命日にはその髪を切り落として少年の墓に供えていました。」
女中は話を終えると、静かに食器を棚に片付けながら、心の中でその出来事をまた思い出しているようだった。私は、無意識に口を開き、彼女に言った。「昨夜の出来事は、私たちとは関係がないはずだ。」
女中はエプロンを外し、丁寧にたたんで引き出しにしまった後、長年の苦悩を凝縮したような声で静かに語り始めた。
「お若い方、気づいていないのか、それとも気づきたくないのかもしれませんが、あなたが昨夜見た人たちは、もうこの世の人ではありません。」
その言葉に、私は不安とともに深い寒気を感じた。女中はそれに続けて、まるで無知な者を諭すように話し続けた。


12 Estela, 1979 ©Manuel Peñafiel
「この村の住人たちは皆、鉱山が崩壊したあの日に命を落とし、それ以来、この時期になると現れることを知っています。そして、これを知っているからこそ、私のご主人は娘さんが夜に外出することを厳しく禁じているのです。彼女は金髪です。彼は、当然、彼女を危険にさらすことを避けたかったのでしょう。ですが、あなたがここに泊まったことで、娘さんはその戒律を破り、あれこれとやらかしたのでしょうね。」
女中は視線を落とし、思慮深く続けた。
「村の人たちも、あなたたちが仲睦まじく歩き回っている姿を見て、噂を立て始めていました。昨夜の出来事でさらに怒りを買い、宿の主人は耐えきれなくなったのでしょう。しかし、カーメリートの優しい魂が現れ、あの悪魔じみた一団からあなたたちを守ってくれたのです。」
女中の声には、悲しみと共に確信が含まれていた。彼女は少し間をおいて、深く息をつきながら言った。
「さあ、若い方、都会に戻ってご主人の娘さんのことは忘れなさい。私はどこにいても、あなたたち二人のために祈ります。」
私はその言葉を胸に、しばらく黙って女中を見送った。女中は厨房を出ていき、その後の静けさが一層深く感じられた。
宿屋の中は、まるで時が止まったかのように静まり返っていた。私は落ち着かない気持ちで宿屋を歩き回り、床板のきしむ音が響く中、何かを感じ取ろうとするように歩みを進めた。あの謎めいた金髪の少女を初めて見た扉に辿り着くと、その部屋はまるで糊付けされた礼拝堂のように整然としていた。
部屋の中には、一輪の枯れた花が花瓶に活けられていた。花の名前は「いつまでも咲き続ける花」。私はその枯れた花を手に取ったが、触れた瞬間、それは粉々に崩れ、花弁が床に散らばった。私はそれを踏みつけながら歩き、乾いた音が響くのを感じた。
その瞬間、サン・ルイス・ポトシの砂漠への旅が私にもたらした深い思索が再び浮かび上がった。芸術の世界で目立ちたいという焦燥感は、次第に和らいでいった。名声、成功、栄誉――これらの概念は、日々の再生の奇跡に比べれば、何の意味も持たないことに気づかされた。それらを追い求める中で失われる平和の代わりに、死というもの、自分自身の存在への向き合い方が、いかに小さなものかを感じた。それこそが和解の精神、そして現在を生きる力であった。
©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
El contenido literario y fotográfico de esta publicación está protegido por los Derechos de Autor, las Leyes de Propiedad Literaria y Leyes de Propiedad Intelectual, sin embargo, puede ser reproducido con fines didáctico - culturales mencionando el nombre de su autor Manuel Peñafiel y sus créditos por las fotografías; queda prohibido utilizarlo con fines de lucro. This publication is protected by Copyright, Literary Property Laws and Intellectual Property Laws. It can only be used for didactic and cultural purposes mentioning Manuel Peñafiel as the author and his credits for the photographs. It is strictly prohibited to use it for lucrative purposes.
Contacto
Escríbeme para compartir tus ideas o dudas.
Correo
Teléfono
(+52) 777 446 92 43
© 2026. All rights reserved.
MANUEL PEÑAFIEL
© Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.